Kroptkin

LA LIBERTAD NO SE DA, SE TOMA. Kropotkin

viernes, 27 de enero de 2012

Montevideo



Nada más cruzar la puerta, una bocanada de aire cálido, con olor a humedad y sudor le llenó los pulmones. Instintivamente, de manera casi mecánica, escupió al suelo. Sus ojos no se acostumbraban a la poca luz, de color rojizo, que iluminaba de manera desigual la sala, y que desdibujaba la cara de la gente. Era una luz tenue pero dura, que se comía todo detalle, posterizándolo todo.

Con la mirada ausente, se dirigió a la barra, que ocupaba la totalidad de la pared de la derecha. ¿Qué vas a tomar? Un camarero con pinta de haber recibido más de una paliza en la vida le hablaba sin apartar los ojos de la barra, que frotaba con un trapo que no admitía más mierda.

Marcos lo miró con una mezcla de odio y desprecio. Era la primera vez que se cruzaba con él, pero de manera inexplicable, no podía evitar que la sangre se le subiese a los ojos, y un sentimiento de rabia lo impulsara a partirle la cara. Una cerveza. Las palabras le salían de la boca entre los dientes apretados. Consiguió controlarse, apoyándose de lado en la barra, desviando su atención hacia el centro de la sala. Dio un largo trago a la botella y se encendió un cigarro.

Dos chicas bailaban de manera descoordinada, como si en su cabeza sonase una canción completamente diferente a la que salía por los altavoces. Vestían con ropa de puta barata e iban hasta el culo de ves a saber qué.

Dos cincuentones, a los que seguro que la barriga no les dejaba verse la polla al mear, las miraban con una expresión babosa. Qué asco de purria. Pantalones de color beige atados con un cinturón marrón por encima del ombligo, mocasines desgastados, y camisa con manchas de sudor entre la curva de la barriga y las tetas que les colgaban. Estaban cortados por el mismo patrón. Una vez más, volvió a escupir, esta vez de forma consciente, sin apartar la mirada de los dos especímenes.

Se le acercó una chica regordeta, que a duras penas hablaba tres palabras en castellano. Guapo, tu follar, yo chupar ti. Marcos la miró, esbozó una media sonrisa, e hizo un leve movimiento de negación con la cabeza. La chica se volvió, y con desgana se unió a las otras dos que seguían su danza en un mundo paralelo.

De reojo la vio salir por la puerta que llevaba a las habitaciones del piso superior. Aun se estaba colocando bien la minifalda tejana. Marcos notó como se le aceleraba la respiración, y como la sangre le empezaba a arder. Me cago en mi puta vida. Sabía perfectamente que no quería encontrar lo que había ido a buscar.

1 comentario:

Vera E. dijo...

Ya se veía venir; desde la entrada anterior, se mascaba la tragedia :)

Cuando la duda se instala...hay que ser muy valiente para ir en busca de la verdad.

Mientras leía tu historia, una música sonaba en mi cabeza ("El caso de la rubia platino...) al tiempo que lo veía a Él, bajo su sombrero, enfrentándose a su destino.

Enhorabuena, AlberT, ha sido genial ¡Hasta el siguiente!.
Las fotos están que se salen.

BsoT.